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Sistema cardiovascular: fisiología, factores de riesgo y prevención

Sistema cardiovascular: fisiología, factores de riesgo y prevención

Actualizado: marzo 2026 · Tiempo de lectura: 9 min

Comprender cómo funciona el sistema cardiovascular es el primer paso para protegerlo. Este complejo sistema de bomba y conductos garantiza el suministro de oxígeno y nutrientes a cada célula del organismo. Cuando sus mecanismos reguladores fallan, aparecen patologías que representan la primera causa de muerte en España y en el mundo. En esta guía educativa repasamos la fisiología cardíaca, los principales factores de riesgo y las estrategias preventivas avaladas por la evidencia científica.

Fisiología del sistema cardiovascular

El aparato circulatorio consta de tres componentes principales: el corazón (bomba muscular), los vasos sanguíneos (arterias, venas y capilares) y la sangre (medio de transporte). El corazón posee cuatro cavidades —dos aurículas y dos ventrículos— que trabajan de forma coordinada gracias al sistema de conducción eléctrica intrínseco, cuyo marcapasos natural es el nodo sinusal.

Ciclo cardíaco

Cada ciclo cardíaco comprende dos fases: la sístole (contracción ventricular, que expulsa la sangre hacia las arterias aorta y pulmonar) y la diástole (relajación ventricular, que permite el llenado desde las aurículas). La fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI) normal oscila entre el 55 y el 70 %, y su disminución es un marcador de insuficiencia cardíaca.

Regulación de la presión arterial

La presión arterial depende del gasto cardíaco (volumen de sangre bombeado por minuto) y de las resistencias vasculares periféricas. El sistema nervioso autónomo, el sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA), los péptidos natriuréticos y los factores endoteliales (óxido nítrico, endotelina) participan en su regulación minuto a minuto.

Aterosclerosis: la patología subyacente

La aterosclerosis es un proceso inflamatorio crónico que afecta a la pared de las arterias de mediano y gran calibre. Su desarrollo sigue una secuencia bien caracterizada:

  • Disfunción endotelial: factores como el tabaco, la hiperglucemia, la hipertensión y las lipoproteínas oxidadas dañan el endotelio vascular.
  • Formación de la estría grasa: los monocitos migran al espacio subendotelial, captan LDL oxidado y se transforman en células espumosas.
  • Placa fibrosa: la proliferación de células musculares lisas y el depósito de colágeno forman una cápsula fibrosa sobre el núcleo lipídico.
  • Placa vulnerable: la inflamación debilita la cápsula fibrosa; su rotura desencadena la formación de un trombo que puede ocluir la arteria, provocando un infarto de miocardio o un ictus.

Factores de riesgo cardiovascular

La Sociedad Española de Cardiología clasifica los factores de riesgo en modificables y no modificables:

No modificables

  • Edad: el riesgo aumenta a partir de los 45 años en hombres y los 55 años en mujeres.
  • Sexo: los varones presentan mayor incidencia antes de la menopausia; después, el riesgo se iguala.
  • Antecedentes familiares: la predisposición genética a dislipemia, hipertensión o diabetes aumenta el riesgo basal.

Modificables

  • Hipertensión arterial: el factor de riesgo más prevalente. Cada incremento de 20 mmHg en PAS duplica el riesgo de evento cardiovascular.
  • Dislipemia: el colesterol LDL elevado y los triglicéridos altos favorecen la aterosclerosis. El objetivo terapéutico de LDL varía según el riesgo global (< 70 mg/dL en riesgo muy alto).
  • Diabetes mellitus: la hiperglucemia crónica daña el endotelio y acelera la aterosclerosis. El riesgo de infarto en un diabético equivale al de un no diabético con infarto previo.
  • Tabaquismo: el humo del tabaco contiene más de 4.000 sustancias tóxicas que producen estrés oxidativo, vasoconstricción y disfunción plaquetaria.
  • Obesidad abdominal: el tejido adiposo visceral secreta citoquinas proinflamatorias (TNF-alfa, IL-6) que promueven la resistencia a la insulina y la inflamación sistémica.
  • Sedentarismo: la inactividad física es responsable del 6 % de las muertes a nivel mundial, según la OMS.

Estrategias de prevención basadas en la evidencia

La prevención cardiovascular se estructura en dos niveles: prevención primaria (antes del primer evento) y prevención secundaria (tras un evento cardiovascular). Ambas comparten medidas comunes:

  • Dieta cardiosaludable: patrón mediterráneo con abundancia de frutas, verduras, legumbres, pescado azul y aceite de oliva virgen extra. El estudio PREDIMED demostró una reducción del 30 % en eventos cardiovasculares mayores.
  • Ejercicio aeróbico: mínimo 150 minutos semanales de intensidad moderada o 75 minutos de alta intensidad, complementados con ejercicios de fuerza 2 días por semana.
  • Control del peso: mantener un IMC entre 18,5 y 24,9 kg/m² y un perímetro abdominal inferior a 102 cm (hombres) o 88 cm (mujeres).
  • Abstinencia tabáquica: el beneficio comienza a las pocas horas y se completa a los 15 años, cuando el riesgo se iguala al de un no fumador.
  • Suplementación racional: ciertos nutrientes como la coenzima Q10, los ácidos grasos omega-3 o el magnesio han mostrado beneficios complementarios. Formulaciones como Vitacardin ofrecen una combinación de ingredientes orientada al mantenimiento de la función cardiovascular normal.

Escalas de riesgo cardiovascular

Para estratificar el riesgo de un paciente, se utilizan herramientas validadas como:

  • SCORE2 / SCORE2-OP: la escala recomendada por la ESC para la población europea. Estima el riesgo a 10 años de eventos cardiovasculares fatales y no fatales en función de edad, sexo, PAS, colesterol total y hábito tabáquico.
  • Framingham: ampliamente utilizada en investigación clínica, aunque desarrollada en población norteamericana.
  • REGICOR: adaptación española del Framingham para la población mediterránea, especialmente útil en atención primaria.

La estratificación del riesgo permite personalizar las intervenciones: desde medidas higiénico-dietéticas exclusivas en riesgo bajo hasta tratamiento farmacológico intensivo en riesgo muy alto.

Conclusión

El sistema cardiovascular es una estructura de ingeniería biológica extraordinaria, pero no es invulnerable. Conocer su funcionamiento, identificar los factores de riesgo y adoptar medidas preventivas es responsabilidad compartida entre profesionales sanitarios y pacientes. La fisiología nos enseña que muchos de los procesos patológicos son reversibles en sus fases iniciales: el momento de actuar es ahora.